martes, 21 de mayo de 2013

MERLÍN Y FAMILIA








"La seducción de Merlín" de Edward Burne-Jones





El señor Merlín, según se sabe por las historias, era hijo de soltera y de ajena nación, y vino heredado para Miranda por una tía segunda por parte de madre; pero hacía de esto tanto tiempo que nadie recordaba bien el suceso. Solamente una vieja de Quintas hacía algo de memoria de que siendo niña la llevaron al entierro de una señora de Miranda, y detrás del cura de Reigosa, que cantaba muy bien, iba don Merlín vestido de negro, con una gran bufanda colorada, y ya entonces tenía mi amo la barba blanca. También hacía memoria la vieja de que iba en el entierro el conde de Belvís con una gorra de plumas y su enano de portacolas, y que vinieran plañideras de Lugo a hacer el llanto, y las más mozas iban descalzas de pie y pierna. Por don Merlín no pasaban años, y de esto se quejaba como de un maleficio, pero pocas veces, que el ser de él era aparentar muy franco y abierto, contento del mundo y hablador, y sonreía muy fácil; le ayudaban a ser franco los ojos claros, y aquella su frente levantada y señora, y hasta aquel gesto que tenía de acariciarla con la mano derecha cuando te hablaba. Era de pocas carnes, pero muy puesto en sus anchos y gentil, y muy andador. Pero ahora no iba a retratar al señor Merlín, sino a hacer la nómina de su casa, cuando yo vivía en Miranda, puesto de mozo de media mesa y estribo, por once pesos al año y mantenido, las zuecas que gastase y los remontados de chaqueta y calzón, amén de cuatro pares de medias por año nuevo, dos blancos y dos negros.(...)

 —Son muy hermosos quitasoles — dijo mi amo —, y quizá no los tiene tan aparentes el Papa de Roma. Lo que vuestro obispo me pide es fácil, y lo voy a hacer en un tris. El quitasol blanco, como sabéis, se llama de "Sal-el-Sol", y en abriéndolo el día de Nuestra Señora de Agosto, aunque llueva, queda una mañana soleada para la procesión. El amarillo, que se llama "Mirabilia", es un quitasol muy secreto, y sólo se usa en la Pentecostés, y cuando está a su sombra vuestro obispo, habla y entiende todas las lenguas, y puede confesarse bajo él un mudo, que vuestro obispo lo escucha. Y el carmesí, éste sirve para viajar en la noche, y el que va debajo de él, abriéndolo en la noche cerrada, ve como si fuese de día. Mejor que quitasol se debía de decir quitatinieblas, y tiene por nombre "Lucero". Ya otra vez a éste, cuando era propiedad de don Lanzarote del Lago, le arreglé dos varillas que se le soltaron, y al primer arreglo no salió con sus virtudes, y en vez de verse como de día, no se veía nada, ni las luces encendidas en la noche. Toda la ciencia de estos quitasoles y del quitatinieblas está en las varillas.

Y mientras yo servía a los visitantes algo de vino y jamón, como si fuera paragüero de Orense trebejó mi amo en los paraguas, y en un amén los dio por arreglados, que según él, sólo tenían una varilla floja y otra salteada. Los abrió y cerró, diciendo no sé qué letanías, y sonrió y le dijo al de la perrera con mucha autoridad:

— Mosiú Gastel, dile a tu obispo que no le cobro nada por el arreglo, pero que el día de Pentecostés próximo, abriendo el quitasol amarillo, no deje de poner por apunte la lengua maga, espe¬cialmente en lo que toca al nombre de los metales y las esencias preciosas, que quiero terminar de leer un libro "de ocultis" que aquí guardo, y en el que está toda la tertulia de los caldeos. Y dile también que no gaste la virtud del "Lucero" en cachear tesoros en las cuevas y ruinas, que el quitatinieblas no fue hecho para eso, sino para seguir en la noche, por el camino de Emaús, las huellas de Jesús, Nuestro Señor.(...)



Alvaro Cunqueiro fue, en mi opinión,  un precursor de lo que luego sería el boom latinoamericano del "realismo mágico", adaptado a una idiosincrasia galaica. Con esta obra reivindicaba la mitología artúrica con resabios celtas, asimilándola a nuestro paisanaje rural. Y lo hacía en un contexto muy poco sensible a  las señas de identidad específicas de las distintas culturas de este país.
Es un autor con una fina ironía, con un sentido del humor muy gallego, del que hizo gala tanto en sus obras en gallego como en castellano. De todo lo que de él he leído, quizá sea ésta la novela que más me gusta. Lo cierto es que este hombre era un gran disfrutador de los pequeños placeres de la vida y un gran gastrónomo. De hecho, prologó libros de recetas de cocina en donde alababa alguna de las maneras en que se preparaban los platos tradicionales e indicaba los locales en donde podían degustarse. Ocasionalmente, acudo a él para preparar los platos de las "grandes ocasiones",  y los resultados son exitosos.
 Léase a Cunqueiro para armarnos con una sonrisa para combatir la desilusión cotidiana, que campa a sus anchas por este país. Y acúdase a él para preparar recetas "pintureras" con ingredientes humildes para tiempos de crisis, en los que comer- para muchos- ya es un milagro; un episodio de "realismo mágico".

1 comentario:

Omar enletrasarte dijo...

un acto de realismo mágico "qué fuerte"
saludos